
No hay excusa que valga para que me vuelvas a dirigir la palabra. Los días pasan frente a mi ventana y tu mirada parece extraviada, lo único que anhelo es que oigas, que oigas de una buena vez mi maldita versión de la historia,
Las cosas desde un principio se sucedieron de la mejor manera admisible, sin enredos ni líos, pero a medida que el tiempo avanzaba la rutina acababa con lo poco que quedaba de mi estancado espíritu.
No hay excusa que valga para que logres perdonarme, pero lo único que de tu parte espero es que logres comprender que cada vez que dije te quiero, lo dije enserio.

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